Domingo 27 de Mayo de 2018

       

Lo que no cambia

Mirador político. Hugo Moyano quiso amedrentar al Ejecutivo con una profecía golpista. Otra demostración de la costumbre de la CGT de arremeter contra los gobiernos no peronistas. Asediado por la Justicia, Hugo Moyano quiso amedrentar al Gobierno con una profecía golpista. Pero al confundir su situación penal con la estabilidad de las instituciones terminó haciéndole un favor al Presidente, porque puso en evidencia dos realidades penosas: que cuarenta años después del último golpe militar la democracia sigue amenazada por el poder corporativo y que ese poder, alineado con el peronismo, ocupa el centro de la escena cuando sus socios políticos pierden las elecciones. Mientras esta rémora subsista la democracia será formal, porque habrá un poder por encima del de la soberanía popular. Así como los militares "tutelaron" la democracia entre 1930 y 1983, los sindicatos intentaron hacer otro tanto desde el gobierno de Raúl Alfonsín hasta la fecha. Alfonsín derrotó por primera vez en las urnas a un peronismo no proscripto después de denunciar un "pacto sindical-militar" que prometía entre otras cosas, la impunidad de los uniformados por la represión ilegal. Ya el grueso de la sociedad estaba harta de matonismo y la corrupción disfrazadas de defensa del trabajador y se inclinó masivamente por el radical. A partir de entonces el ataque de la CGT a los gobiernos no peronistas fue constante. La actual situación no es comparable, sin embargo, con la de 1983 y demuestra que la política nativa siempre que tiene la oportunidad se degrada un poco más. En este caso el líder de los camioneros pretende utilizar el poder sindical para aliviar su situación penal. Sin protección política, la Justicia lo investiga y tiene muchas posibilidades de terminar preso no por defender a sus afiliados, sino por distintas formas de latrocinio. Definitivamente Moyano no es Ubaldini. La promesa moyanista de un nuevo helicóptero provocó la ruptura con gremialistas que no están en su situación. La CGT quedó más debilitada y hubo un estruendoso silencio en la primera línea del peronismo, roto apenas por unos pocos dirigentes como el gobernador de Salta que desde hace rato quiere tomar distancia de los impresentables de su partido. Los que hablan de una segunda "renovación" peronista deberían recordar qué hizo la primera en Semana Santa del 87. Hoy los militares no existen como factor de poder, pero ese vacío pretenden llenarlo los violentos, los gremialistas ultramontanos y hasta ex jueces. La Iglesia que suele opinar asiduamente sobre la situación del país está vez no llamó a la cordura a Moyano. Es lógico, su conducción expresa las opiniones del Papa a quien el sindicalismo peronista invoca en sus documentos como ejemplo de búsqueda de un diálogo institucionalizado. Cuando la Iglesia y los sindicatos peronistas invocan el "diálogo" en realidad pretenden influir sobre el poder, pero Macri se sigue haciendo el sordo y para peor gana elecciones una tras otra. Cuando Francisco dice que no es hora de visitar la Argentina espera que cambie la marea, pero Moyano tiene otras urgencias, por eso organiza una marcha y trata de ponerse al frente de la oposición derrotada en octubre. ¿Qué puede perder? Peor sería quedarse en su casa esperando a la Gendarmería.
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Raúl Enrique Vargas candidato a Secretario Gral.y Daniel Antonio Albizo cand. Secretario Adjunto.

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